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En nuestro día a día a veces queda poco tiempo para reparar en lo
trascendente. Muchas veces nuestros esfuerzos están concentrados en una
sola dirección que tiende a anular o a dejar de lado una de las
dimensiones más importantes del ser humano: la espiritual. La vida
moderna parece ser a veces una carrera cuyo objetivo central es el
consumo. Indudablemente medimos el éxito o la realización a partir de
pautas relacionadas casi exclusivamente con lo mundano. Y no es que el
hombre no deba procurar un buen pasar y mejorar sus condiciones de vida,
pero para alcanzar la plenitud no sólo debe sustentar su cuerpo sino
también su espíritu. En la percepción de lo trascendental, el creyente
vive su vida como un peregrinaje, una vía que lo devuelve a la Fuente
Creadora. La armonía de este peregrinar está dada por el logro de un
equilibrio entre ambas dimensiones humanas, la espiritual y la mundanal.
Una vez en la vida, si se
poseen los medios necesarios, los musulmanes del mundo peregrinan a la
Santa Ciudad de la Meca. Sin ningún tipo de distinción por raza o
posición social, sencillamente ataviados y con la idea de brindar
testimonio de fe en Dios Altísimo, llegan a este lugar millones de
peregrinos desde los lugares más recónditos del planeta. Finalizando el
conjunto de actividades que indican la tradición religiosa, tiene lugar
la Celebración del Sacrificio. La Fiesta del Sacrificio es marco de la
celebración donde se recuerda al Profeta Abraham (con él sea la paz),
quien estaba dispuesto a ofrendar a su hijo, lo más amado que tenía en
la vida, obedeciendo a la orden divina. Cuando estaba por llevar a cabo
el sacrificio, llegó el rescate del cielo y la posterior instrucción de
reemplazar a su hijo por un cordero. En esta rememoración tenemos
ciertamente un ejemplo de nuestra vida. El hecho de estar dispuesto a
dar de aquello que más se quiere, es una de las virtudes más loables que
pueden ejercer los hombres. En una dimensión diferente a la del Profeta
Abraham, debemos tener presente la idea del sacrificio puesta al
servicio de una causa superior, como por ejemplo, el bien común de
nuestra Nación y una mejor idea de sociedad.
Utilizamos el término “sociedad” para referirnos a un conjunto de
personas que viven en un ámbito común. Una mayor comprensión del
concepto nos da la idea de que en realidad, verdaderamente debemos ser
socios. Y socios con el objetivo del bien común. Hoy muchos de los
miembros de nuestra sociedad viven en un estado de desamparo, que entre
otras cosas provoca una de las peores sensaciones que puede tener un
hombre que es la soledad. No la soledad que a veces se busca para un
momento de reflexión, sino un estado de soledad impuesto que excluye y
quiebra. Si realmente aspiramos a ser una sociedad a la búsqueda del
bien común debemos hacer del amparo hacia los demás y de la idea de que
todos pertenecemos a la sociedad, nuestra actitud diaria. Si el destino
nos ha puesto en una situación difícil como Nación, es preciso redoblar
nuestro sacrificio para que nuestra peregrinación sea un camino de
solidaridad, respeto y amor entre nuestros compatriotas. De esta manera
y básicamente con fe, rendimos el mejor testimonio de nuestra
argentinidad. En esta ocasión de la Festividad del sacrificio, pedimos a
Dios Altísimo bendiga al pueblo argentino y a todos los pueblos del
mundo en su búsqueda de paz, justicia y libertad.
Centro Islámico de la
República Argentina
2005-1425 |